La búsqueda del despertar de la consciencia

Todo lo que se pueda decir ya está dicho. Por miles de años seres humanos que descubrieron la realidad mas allá del cuerpo y las formas nos lo han hecho saber.
Aquellos que experimentaron el silencio de la nada, la mente vacía de todo pensamiento lo enseñaron a sus discípulos, lo escribieron en libros sagrados, nos lo mostraron con su vida.
Nada hay que buscar y paradójicamente es lo que más hacemos. La búsqueda del SER está envuelta en libros de espiritualidad, cursos de espiritualidad, ritos de espiritualidad, ropas, adornos, poses, música, danza, hierbas, oraciones, criterios, puntos de vista, técnicas…
Creo no exagerar cuando afirmo que la búsqueda se ha vuelto más importante que lo buscado. Nuestra sociedad basada en el dinero y el consumo, ha convertido la búsqueda espiritual en un producto más, en un negocio muy lucrativo. Se genera la necesidad de buscar, y se produce el mismo ciclo de consumo de otros renglones de la vida material. Necesidad creada, búsqueda de opciones u ofertas, consumo, alcance de status, saciedad momentánea y casi de inmediato la aparición de una nueva necesidad de consumo. Inclusive podemos hablar de espiritualidad desechable.
Este frecuente “Shopping espiritual” aparte del lucro monetario, tiene el sentido práctico de mantener alienados a los buscadores. Una falsa espiritualidad basada en el consumo, en la colección de experiencias y conocimientos da la falsa sensación de “conexión”, de “estoy haciendo algo” cuando en realidad el desplazamiento del buscador alienado es lateral. El “buscador espiritual” entra en la paradoja de vamos a buscar eso, para al final nunca encontrar realmente nada, estar nunca satisfecho de manera permanente.
La búsqueda “narcotiza” al buscador espiritual, de hecho lo sumerge en información tan densa e interesante como, inservible para alcanzar lo que se busca. El efecto “narcótico” fortalece el control de un “yo” sobre el despertar espiritual, un “yo” que necesita hacer algo para encontrar o alcanzar un estado ideal, un “yo” que necesita controlar, conocer, dirigir. Un estado que fortalece lo que precisamente ha debido desaparecer.
Se hace tan difícil entender que no hace falta nada. No hace falta saber o estudiar nada, no es necesario ningún rito o creencia, es inservible recitar textos sagrados u oraciones. Al contrario, mientras más llenos de conocimientos, opiniones, creencias, normas menor es la posibilidad de alcanzar el despertar que buscamos.
Vacíate de todo, ten el valor de dejar a un lado cualquier pensamiento, costumbre, creencia, conocimiento, parecer. Sólo experimenta el vacío y el silencio. Ya lo somos todo, no necesitamos nada. No precisamos de creencia o religión alguna para experimentar el despertar de consciencia.
Kailasa Ishaya,
Monje y maestro de meditación

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